Purgatori

Joan Josep Isern

Purgatorio (2003) es una reescritura en clave contemporánea de la Divina Comedia de Dante. La obra recupera unos mitos y unos referentes religiosos olvidados que permitieron a la humanidad mirarse a sí misma. La imagen resultante es inolvidable.

Salvador Donat es un médico rural que vive solo y soltero en la antigua casa del rector de un pueblecito, rodeado de libros y de discos. Tiene poco trabajo, pero tampoco quiere más. Entre el censo de personas cuya salud depende de él están los cartujos del monasterio de Porta Coeli, cerca de la localidad de Silla, y una comunidad de monjas de clausura de un pueblo de la misma zona. Salvador nació en la ciudad de Valencia en 1940 y en la novela, ambientada en 1996, tiene, por lo tanto, cincuenta y seis años. Un buen día, en concreto a primera hora de la mañana del 19 de marzo (San José y festividad grande en Valencia), se inicia la acción de Purgatori: mientras Salvador Donat está en el monasterio haciendo su visita rutinaria recibe aviso de que su hermano Josep —cuatro años mayor que él— sufre un cáncer terminal de pulmón, y decide dejarlo todo para acompañarlo en sus últimas semanas de vida. Eso lo obliga a volver a Valencia, la ciudad que decidió abandonar años atrás para buscar una vida espiritualmente más plena al servicio de los más desvalidos, en el continente africano, al lado del doctor Albert Schweitzer. Salvador Donat es, por tanto, un forastero en su ciudad. Un hombre que, si no fuera porque no tiene ningún empacho en declararse ateo, podría ser un perfecto cartujo.

Salvador Donat hace el viaje de retorno a Valencia primero a caballo de una potente Harley Davidson con matrícula de Río Muni. Luego lo acompaña (más exactamente, lo guía) Teodor Llorens —chófer perfectamente uniformado de un lujoso Mercedes—, de origen valenciano por parte de padre y guineano por parte de madre, poeta en lengua catalana y persona de confianza de su hermano Josep, un hombre riquísimo y poderoso que es el retrato inverso de Salvador.

El Purgatorio de Dante

Se reproduce, pues, delante del lector el plan argumental del Purgatorio de Dante pero al revés: Salvador baja del cielo —la cartuja situada en la cima de la montaña— e inicia un viaje a la ciudad en compañía de un poeta —un Virgilio de color— que le hace las funciones de guía. Acabado el ritual del viaje, Salvador Dado tendrá que pasar todavía por un antepurgatorio —el hospital donde extirparán un pulmón a su hermano— y a continuación, ya instalado en el piso de Josep, vivirá a su lado la lenta espera de la muerte en medio de una serie de episodios que lo pondrán en contacto con la sordidez de la vida en la ciudad y con los siete pecados capitales. Para acabar de redondear el cuadro de paralelismos con la obra de Dante vale decir que al final Salvador encontrará su Beatriz, con la que —en el capítulo que cierra la novela, situado un día de mayo, en el cementerio, cuando todo ya se ha consumado— volverá a la vida sencilla del campo, a caballo de su Harley Davidson, después de haber repartido el legado del difunto. Y se irá con Beatriz y "sin equipaje, con las alforjas metálicas vacías", tal como dice la frase que cierra el libro.

Un ambicioso proyecto narrativo

Antes de entrar en los aspectos específicos de la novela hay que puntualizar que Purgatori es la segunda parte de un ambicioso proyecto narrativo de Joan F. Mira: una trilogía situada en la ciudad de Valencia que se inició con Els treballs perduts [Los trabajos perdidos] (Tres i Quatre, 1989; reedición en Proa, 2005) y que en el momento de escribir estas líneas se encuentra todavía pendiente de conclusión. Los rasgos comunes de esta trilogía son la inspiración en un mito clásico, la ubicación en una zona concreta de la capital valenciana, la presencia de un sustrato filosófico y el protagonismo de un personaje dotado con los atributos de un héroe de los tiempos antiguos.

En Els treballs perduts, el libro inicial, estos rasgos correspondían, respectivamente, al mito de los trabajos de Hércules; el lugar donde se situaba la acción era la medieval Valencia de intramuros, con sus doce parroquias; la filosofía era el paganismo de raíz helénica, y el protagonista se llamaba Jesús. Con Purgatori la referencia mítica es la Divina Comedia, la zona urbana de Valencia es el primer círculo extramuros, el referente filosófico es el cristianismo y el protagonista lleva un nombre también inequívoco: Salvador.

Como he dicho un poco antes, en el momento de redactar este resumen todavía se saben pocas cosas del libro que cerrará el proyecto (y conociendo los ritmos de Joan F. Mira pueden pasar todavía unos cuantos años). Sin embargo las pistas que ha dado el mismo autor hacen pensar que nos las veremos con una historia basada en el mito de Fausto, que se situará en la Valencia de la periferia, que tendrá el referente filosófico de la Ilustración, la ciencia y la modernidad, y que su protagonista se llamará, como no podía ser de otro modo, Manuel.

Nos encontramos, pues, con lo que podríamos definir como un ciclo de novelas con constricción. Es decir, con una estructura mediante la cual el autor se ha impuesto unas leyes que cumple hasta sus últimas consecuencias. Estamos cerca, pues, de las fronteras del juego, de la especulación y en una línea que nos llevaría a las experiencias del Oulipo. Un juego, sin embargo, que en el caso que nos ocupa potencia la creatividad, que no estorba y que, con lo que ya llevamos visto del ciclo, podemos decir que genera unas novelas que, a pesar de potenciarse mutuamente cuando se establecen interrelaciones, leídas por separado funcionan cada una a la perfección. Y tenemos unas cuantas pruebas: respecto a Els treballs perduts podemos recordar que en 1990 ganó el premio de la revista El Temps por votación popular entre los lectores como la mejor novela publicada en catalán el año anterior y que, además, diversos críticos y analistas no han dudado en calificarla como una de las mejores novelas catalanas publicadas en los últimos cincuenta años. De Purgatori sólo recordaremos que en el 2002 ganó el premio Sant Jordi de novela, el de más prestigio de nuestras letras, y que el año siguiente fue distinguida con el Premio de la Crítica Catalana como mejor novela del año.

Simbología y significados

Como es habitual en la obra de Joan F. Mira, Purgatori es una novela repleta de símbolos y de significados. Por ejemplo, la dualidad entre los hermanos Donat: Salvador es el contemplativo y Josep, en cambio, representa al hombre de acción pragmático, faldero, especulador, de pocos escrúpulos, intrigante y convencido practicante de todos los pecados capitales. De todos menos, quizás, el de la soberbia, más atribuible a su hermano, el hombre puro, retirado del mundo, que aunque no lo manifieste se intuye superior. Pero aquí hay pocas sorpresas, ya que estamos delante de las dos ramas clásicas del pensamiento cristiano: la contemplativa y la activa.

En Purgatori Joan F. Mira nos ofrece un retrato de la sociedad de ahora. Una sociedad que, si en algún sentido evoluciona, lo hace a peor y que encontramos también en novelas contemporáneas como Societat limitada [Sociedad limitada] y Espècies protegides [Especies protegidas], de Ferran Torrent, o Olympia a mitjanit, de Baltasar Porcel. En este contexto simbólico no pasa nada desapercibida al lector la imagen del cáncer de pulmón, silencioso y letal, como una metáfora de los daños que sufre nuestra colectividad. Respecto a la tipología de los personajes nos encontramos con que los héroes de Mira —Jesús Oliver, de Els treballs perduts, y Salvador Donat, de Purgatori— son individuos desorientados, descolocados, que se sitúan voluntariamente en la periferia. Son seres que quizás en algún momento se han propuesto salvar el mundo pero que, a la hora de la verdad, bastante tienen con salvarse ellos mismos o, como mínimo, con resolver sus conflictos de la manera más cómoda posible.

Como ha dicho el crítico Joan Triadú Purgatori es la novela de un humanista que sabe escribir. No es, sin embargo, la novela de un pensador, sino la de un novelista que piensa. Joan F. Mira nos presenta, por lo tanto, una visión moral de la vida —cosa no muy habitual— escrita con un tono solemne y con un hilo narrativo en el que abunda el monólogo interior combinado con la descripción en tercera persona. Un hilo narrativo fascinante que alterna con mano maestra acciones cotidianas con reflexiones filosóficas sin que el ritmo se rompa ni la amenidad de la lectura decaiga en ningún momento. Así, por ejemplo, un rato en la cola del restaurante del hospital le sirve de pretexto a Salvador para meditar sobre la imposibilidad de la existencia de un paraíso en la Tierra. O una escena dentro de un ascensor del mismo hospital lo lleva a elucubrar sobre la aceleración que preside nuestras vidas.

Purgatori es una novela redonda, intensa y profundamente humana que ilustra brillantemente el espíritu del último verso de la obra de Dante: "El amor que mueve el sol y las estrellas". Es, para decirlo lisa y llanamente, una novela que emociona.

Así empieza la novela...

Quan es va mig despertar perquè una ratlla prima de llum li tocava el front i els ulls, acabava de baixar del taxi en una estació desconeguda, corria per l'andana però el tren ja havia arrancat, accelerava, i aquest era el tren bo, el que havia de portar-lo allà on ell havia d'anar, més o menys el mateix somni de sempre. Es va girar d'esquena a la finestra mal tancada, mig pensant que devia ser ja tard però que havia dormit poc, havia d'haver ajustat del tot el finestró i ara la llum no el despertaria: avui no l'esperava ningú, ni ací ni enlloc, podia dormir una miqueta més, tornar al final del somni desitjant que aquesta vegada tinguera algun final. Mai no en tenia: els recordava sempre, aquests somnis de l'instant abans de despertar-se, eren els únics que recordava i eren sempre el mateix, sense arribada i sense desenllaç: un temps van ser dones somrients que s'acostaven fins al límit de la pell i desapareixien, que perseguides sense resistència fins a l'abraç i a la carícia es desfeien en el no-res quan tot estava a punt de consumar-se en la glòria, i llavors l'ànsia de la plenitud imminent el somovia i tardava segons a comprendre que una altra volta estava despert i sol al llit, que l'erecció sí que era real i dolorosa, i que les dones somniades no s'aconsegueixen mai. Després van ser únicament viatges, començaven d'una manera normal i previsible, amb cotxe, amb autobús, en algun aeroport europeu, i la primera part del trajecte el duia cap a destinacions igualment previsibles, una excursió a un poble de muntanya, un trajecte regular entre ciutats, però en l'escena següent, cada vegada, el viatge es convertia en aventura trencada i desastrosa, el feien baixar de l'avió a punt d'enlairar-se, el cotxe es perdia per camins de terra o encallava en l'arena d'una platja imprevista, ell errava en els horaris o els enllaços, s'omplia de l'angoixa creixent de qui no sap on és ni on va ni com acabarà el viatge, es trobava travessant rius a gual, en vaixells que no entraven a port, en un camió desballestat amb gent desconeguda, es despertava només en part conscient però perfectament perdut i atarantat. No valia la pena consultar cap manual de psiquiatria, ni cap psicoanalista, no calia: el sentit de tot plegat era fins i tot massa evident; també ell havia estudiat els manuals quan feia la carrera, també ell havia llegit una mica Freud.

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