Han dicho...

Mataró, 1977. Escritora y traductora



Bel Olid se mueve con destreza en el género del relato, que ella describe como su “medio natural” y que se le presenta como forma de procesar, pensar y asumir lo que le rodea, le preocupa y le incomoda. Escritos durante los últimos cuatro años, los dieciséis relatos quedan recogidos cerrando una etapa. En ellos, Olid explora momentos de crisis individual y colectiva. […] Olid busca desenterrar la potencia que late bajo aquellos personajes que a menudo no son deslumbrantes a primera vista. Personajes –la mayoría mujeres y de múltiples localidades y edades– que no suelen tener espacio en la ficción. La autora considera que “la vida desde el margen es más interesante literariamente”. […]

Si hay algún elemento siempre presente en la literatura de Bel Olid es el mar. Y dejando de lado las referencias biográficas, el mar se convierte en sus relatos en una fuerza con voz propia y fluctuante. La autora lo señala como presencia ambivalente. Y no se me ocurre mejor síntesis del volumen: como hogar libertario propio y conocido, es cautivador y reconfortante, por un lado; como vasto abismo de violencia y peligro, es estimulante e inquietante, por otro.



No creo que me equivoque si digo que la juventud de Bel Olid ha sido bien madurada con literatura de todas las épocas y culturas. Algunos cuentos respiran la atmósfera literaria de Trabal y Calders, con algunas resonancias kafkianas. Una voz directa, cruda, sorprendente y lo bastante sólida para creaciones más ambiciosas.

El tratamiento del sexo es el eje vital de la mayoría de narraciones en que la autora explica casi todo lo que se puede esconder bajo lo que se conoce como la buena reputación humana. El eje vertebrador es una furia sexual que siempre suele estar muy por encima de los sentimientos. Las contradicciones en las reacciones de cada personaje son un colofón que redondea la narración.


La novela [Una terra solitària –Una tierra solitaria] está escrita en una prosa ágil y fresca, que engancha desde el primer momento y que convierte la novela en una delicia salpicada aquí y allí de una banda sonora propia en catalán que es a su vez un repaso de la música más contemporánea y que en ocasiones sirve como recurso de unión a una historia, la de la pareja adulta, que se quiere extremadamente presente. […]

Olid va trenzando con maestría las tres voces y su sucesión en unos capítulos cortos donde demuestra un dominio mucho más que evidente de la dosificación de la información. El lector no puede parar de leer porque al fin y al cabo lo que quiere –y este es el gran mérito de la novela– es saber lo que le pasa a la niña protagonista, pero también a la mujer que atraviesa toda España con la familia a cuestas y a las dos mujeres adultas que se esfuerzan por sacar adelante una relación que parece extremadamente complicada. Es decir, Olid ha conseguido crear una novela redonda, donde, bajo la apariencia de una prosa sencilla y de una estructura interesante, consigue que el lector se interese por lo que quiere explicar, que es mucho. Porque esta es una novela que habla, sobre todo, de la supervivencia y de la valentía. […] Aparte del valor de la supervivencia y de la fortaleza, esta es una novela que nos habla del papel salvador de la cultura y de la lectura, porque este es el elemento que diferencia la mujer adulta y final de sus antepasados.


Ha dicho...


Mi voluntad literaria es estética. Quiero escribir sobre cosas bonitas y terribles. Estos dos polos, lo terrible y lo bello, a menudo son la misma cosa. Al menos, poder retratar también de una manera bella lo que es terrible. Si no, aún es más difícil. Si se trata de una realidad que no queremos mirar, si no la retratamos de una manera bella es imposible. Yo quiero escribir literatura, no quiero escribir panfletos. Para mí, hacer literatura significa una voluntad de belleza y también la belleza como arma contra la impotencia que decía antes. Poder encontrar esta estrella roja en el cielo de tormenta.


Para mí, traducir es un ejercicio muy importante porque me permite aprender a decir lo que realmente quiero decir. El hecho de ponerme muchos sombreros me da versatilidad, puedo disfrazarme de otro e internar adoptar su apariencia superficial, y esto me ayuda a reconocer lo que soy y lo que no soy.

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