Sergi Pàmies

Manel Ollé

Sergi Pàmies nace el año 1960 en París. Vive hasta los once años en el barrio de inmigrantes de Gennevilliers. Durante diez años, entre 1979 y 1989, trabaja de contable y lleva una doble vida de escritor. Hasta que, tres años después de publicar su primer libro, entra en la "prostituida profesión mediática". Desde entonces vive instalado en medio de los engranajes de la máquina que segrega algunos de los mitos más potentes que nos tienen y entretienen, como la televisión o el fútbol. Los transita, los contempla y los conjura con el único recurso de la palabra efímera, que cristaliza y que de repente se desvanece en medio del ruido. Cuanto más banal, previsible y absurda se le presenta la materia prima, más revela Sergi Pàmies el reverso, el espejismo y su ternura. Los hay que reclaman literatura de ideas con los ojos en blanco, sin llegar ni a reconocer la inteligencia en movimiento, la inteligencia voraz e implacable, que come de todo y no le hace ascos a nada.

Sergi Pàmies publicó su primer libro en septiembre de 1986: la recopilación de cuentos T'hauria de caure la cara de vergonya [Debería caérsete la cara de vergüenza], que encontró continuidad el año siguiente con otra recopilación de cuentos titulada Infecció [Infección]. En los cuentos, e incluso en las novelas de Sergi Pàmies, lo más importante siempre es la primera frase. Después, todo se precipita por una cascada imprevisible y de una lógica implacable y evidente. La tensión del estilo y la fuerza del despliegue imaginativo no tienen fisuras. La superficie tensa y transparente del relato proyecta voces e imágenes nítidas y de una claridad que hace muy difícil no decir nada que no esté de más. Sergi Pàmies construye sus ficciones con una aparente y deliberada falta de sofisticación que puede llegar a ser incluso ofensiva para los amantes de la complicación programática o para aquellos para los que leer es una manera como otra de sentirse de manera momentánea -e inútil- mejores y más sabios que los demás y que ellos mismos. Estas ficciones no se basan en el efectismo de la sorpresa final sino en la fuerza de un estilo directo y eficaz, y en el impacto de una imaginación controlada al servicio de todo tipo de registros: la ternura, el sarcasmo, la magia o la sordidez. Desde el primer momento Sergi Pàmies se mostró especialmente dotado para definir con claridad una posición reveladora respecto a los hechos narrados (entre la ironía y la impasibilidad) y para construir con habilidad e inteligencia series de situaciones inquietantes. Sergi Pàmies no pertenece a esa raza de escritores que tienen un "mundo", sino a la de los que tienen una "mirada". La suya es una voz que ve, que se concreta en una escritura analítica y precisa. La posición que fija en relación con el mundo que mira, un mundo regido por la poética cotidiana del hombre gris de la calle, la define así el crítico francés Patrick Rechichian: "Ningún prejuicio detiene su mirada, eso da a su escritura, muy trabajada, justa, calculadora, una eficacia indiscutible".

Los protagonistas de los relatos de Sergi Pàmies son seres solitarios, insatisfechos, más bien grises, sin historia, sin épica, sin pasado ni futuro, atrapados en un presente angustiante del que intentan escapar. Se mueven en medio de una jungla contemporánea que ve aparecer resquicios fantásticos (viejos que alquilan recuerdos, cajeros automáticos con conciencia moral que se niegan a administrar el dinero solicitado, caras que literalmente se caen de vergüenza, plantas que sólo crecen cuando se les cuenta mentiras, fetos que se resisten a nacer hasta que no haya vuelto su padre de la guerra...) Circulan entre todo tipo de malentendidos, lugares comunes y espejismos publicitarios o periodísticos, convirtiendo su accidentada peripecia en un aprendizaje de la decepción. Sergi Pàmies trabaja con las máscaras del miedo. Sus personajes se mueven entre la compulsión de la huida y la de sostener la mirada. Pàmies no escribe para filólogos ni literatos: busca siempre los personajes y los temas que no están habitualmente en los libros y gasta un talante antiintelectual que exaspera a los culturalistas. Apunta las formas narrativas contemporáneas (cine, publicidad, cuento, televisión, radio...) como influencias relevantes en su obra. En ningún caso se reclama heredero de una tradición literaria.

En 1990 Sergi Pàmies publica su primera novela, La primera pedra [La primera piedra]. Se trata del autorretrato de un electricista y fontanero que es suplente en el trabajo, en el amor y en el fútbol, pero que en ningún momento de la novela da señales de sufrir por esta posición subalterna y de entrada poco lucida: no pretende ser titular. La primera pedra reúne algunos de los episodios más relevantes de un año de la vida de este suplente. El contraste entre la aparente mediocridad de lo narrado y la falta de carga emocional negativa en la visión que da de sí mismo es una de las claves de la novela. Cero a la izquierda pero no fracasado y en absoluto amargado, el suplente que protagoniza La primera pedra narra situaciones que van de la más hilarante comicidad a la más entrañable ternura, con una intensidad y un punto de ironía que es la base de la lucidez con que se acepta a sí mismo en este cursillo acelerado para hacer compatible el pesimismo con un tipo de media felicidad anónima y gris.

Dos años más tarde Sergi Pàmies publica la novela L'instint [El instinto] (1992) En esta novela -irónicamente definida como en "rurbana"-, Pàmies hace que pase alguna cosa allí donde nunca pasa nada. Deja sin electricidad un pequeño pueblo de montaña y se aplica a iluminar literariamente aquello que quedaba en la oscuridad. Los personajes que no duermen, y también los que duermen, se mueven por la novela entre la desorientación y la intuición; ponen en circulación una multitud de reacciones, encuentros y conversaciones de apariencia irrelevante. Con voz precisa y rostro impasible el narrador registra todo tipo de datos. No necesita pasar la ficción por el cedazo de ningún esquema narrativo ni de ninguna idea previa sobre aquello que hay que consignar o bien sobre cuál es la mejor manera de transmitirlo. De ahí viene en buena parte el juego irónico de esta novela: del contraste que se establece entre el tono y el contenido. Puede hablar de velas, maletas o libros como lo haría de personas con razones y sentimientos, o bien hablar de un vecino del pueblo como lo haría de un motor averiado. Cruce de historias mínimas que ni acaban ni empiezan en la novela, L'instint incorpora informaciones curiosas, citas, paráfrasis, datos o referencias sobre cuestiones tan diferentes como la reproducción de los sementales, el apagón de Nueva York del año 1977, el funcionamiento de las pastillas anticonceptivas y sus contraindicaciones o bien los motivos que hicieron que Ursula Andress se fijara en Fabio Testi. El autor juega a su habitual disolución de la alta cultura y la cultura popular: organiza los materiales del relleno temático de la novela como si se tratara de las secciones de un magazine.

La tercera novela, Sentimental [Sentimental] (1995), parte del tópico del hombre que va a buscar tabaco y no vuelve. La constante huida adelante provoca una aceleración narrativa extrema, con incendios, accidentes y asesinatos. En pocas páginas vamos de Bruselas a Lisboa y de allí a Río de Janeiro. Encerrado en las bodegas de un barco el protagonista, que ha muerto, renace y se transfigura. La novela se transforma en un relato de amor y después el protagonista es abducido por unos entes extraños y queda atrapado para siempre en un sofá. La acumulación de arbitrariedades y rupturas de convenciones en un relato que oscila entre la narratividad detallada, la metafísica recreativa y el análisis de emociones recuerda el gesto narrativo de Jean Echenoz. Al final el protagonista se convierte en pura mirada, invisible y ausente de la ficción, centrado en la materia emocional que lo rodea.

La gran novel·la sobre Barcelona [La gran novela sobre Barcelona] (1997) representa el retorno al cuento después de un ciclo de tres novelas. La novedad es la variedad de registros y formatos, la aparición de un nuevo tipo de cuento largo, complejo y aparentemente digresivo. Empieza en esta recopilación el abandono del juego por el juego, del narrar a contrapié de la convención. Sergi Pàmies tendía siempre a evitar la expansión autobiográfica en sus libros. Se situaba siempre lejos de lo que escribía, pero en sus tres últimos libros escribe desde una mayor cercanía.

En el año 2000 publica L'ultim llibre de Sergi Pàmies [El último libro de Sergi Pàmies] (2000), un libro lúcido e intenso, de alto voltaje emocional. Invirtiendo el título de un libro de Enrique Vila-Matas, se podría perfectamente haber titulado: Hijos con hijos. L'ultim llibre de Sergi Pàmies gana en concentración y en concreción imaginativa, gana también en amplitud de registros y de formatos. Lo que en él se cuenta sólo puede narrarse de la manera que se nos relata, las situaciones y los personajes son más matizados, las escenas que se presentan contienen una tensión latente que estalla al final. El signo de admiración que queda en suspense bajo la última línea resuelve el interrogante de interés y curiosidad que se había abierto al principio. Pàmies refina al máximo su arte de constructor de emociones. En medio de mundos ordenados y sin fisuras, poblados de hombres profesionales y solitarios que lo tienen todo controlado, con calculadora, teléfono móvil y coches de alta cilindrada que atraviesan autopistas desiertas, se produce la irrupción implacable del azar, el encuentro inesperado, la frase fuera de lugar que rompe barreras y diques de contención.

La escritura de Sergi Pàmies es cada vez más dura y mineral. La contemplación de temas como la muerte o la enfermedad apuntan al intento de comprender. La desolación y la tristeza que impregnan los cuentos no conducen al masoquismo autocompasivo sino al valor de decir y mirar a los ojos al sufrimiento y la agonía. Hay en cierta medida una inversión de la catarsis clásica: no se trata de relatos para dormirse en la ficción y sufrir y llorar con los protagonistas a fin de que emerjan y se liberen las emociones, sino de proyectarlas de manera detallada y casi hiperrealista, de contemplar serenamente la objetivación de estas emociones. Los textos de Pàmies golpean y piden una lectura pausada y reiterada, sorbo a sorbo, pero te devuelven a la vida a veces cargado de una alegría salvaje y a veces liberado del peso de los falsos ídolos y las medias esperanzas que empañan el espejo. No hay autoayuda ni terapia literaria. Te deja al descubierto, a la intemperie de la estepa.

Esta escritura necesaria, cincelada, que parte de la urgencia expresiva, de la emoción que se impone y que pide una voz que la contemple y le dé forma, ha conseguido vehicular una reflexión veraz y lúcida sobre la muerte y la enfermedad, sobre el miedo y el sufrimiento, sobre la identidad, la literatura y la ficción. Si todavía había en los últimos libros de Sergi Pàmies alguna gota esporádica de juego y de ingenio gratuito, no queda ya ni una en Si menges una llimona sense fer ganyotes [Si te comes un limón sin hacer muecas] (2006). Todo en estos cuentos trabaja para destilar sombras, objetivar abismos, emociones y posiciones morales. Como pasa en la mejor poesía, las imágenes, personajes y situaciones son instrumentos para sintetizar y construir el regusto de la infelicidad, la separación, el miedo a la muerte propia y ajena, el sentimiento de extrema provisionalidad... Cuentos de tonos oscuros escritos a favor de la felicidad.

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