Miquel Martí i Pol

Pere Farrés (Universidad de Barcelona)

La biografía de Miquel Martí i Pol (Roda de Ter, 1929- Vic, 2003) está marcada por algunos rasgos definitorios, entre los cuales sobresalen los siguientes: a) el vínculo con su pueblo natal, en el que siempre vivió; b) su condición obrera como oficinista en la fábrica textil La Blava, de Roda de Ter, donde trabajó desde los 14 años hasta los 43; c) las consecuencias de la enfermedad que contrajo alrededor de 1970, una esclerosis múltiple que desde ese momento le impidió moverse y hablar con normalidad; d) el compromiso del poeta con su clase social y con el país; e) su disposición, desde joven, a interrogarse, a esforzarse por conocerse a sí mismo y el mundo que lo rodeaba. Y, claro está, su dedicación a la poesía, que empezó a dar frutos en torno a 1948. Desde entonces, la mejor referencia biográfica de Martí i Pol ha sido su obra.

Roda de Ter, 1929 – Vic, 2003. Poeta y traductor catalán


Miquel Martí i Pol no se dedicó sólo a la poesía: pese a considerar que la prosa era su asignatura pendiente, publicó un libro de narraciones, Contes de la vila de R... i altres narracions [Cuentos de la villa de R... y otras narraciones] (1978), dos volúmenes de memorias, uno de artículos periodísticos y diversas traducciones. Colaboró con algunas revistas, entre las cuales cabe destacar Inquietud (1955-1966) y Reduccions (desde 1977), de cuyo consejo de redacción formó parte.

De los planteamientos existencialistas al realismo histórico

Formado bajo el catolicismo imperante en la posguerra, en un ambiente perfectamente descrito en El poble [El pueblo] (1966), el joven Martí i Pol se presenta interrogándose sobre su ser y su destino. Afirma su yo, distinto de un "vosotros" que incluye al resto de los humanos, pero que se concreta en la gente que lo rodea, básicamente de condición obrera, a la que en el fondo admira, y constata el desconcierto -que en poemas como los de El fugitiu [El fugitivo] llega a ser angustia- que le causa el proceso gradual de conocimiento -o descubrimiento- de la propia personalidad. Una crisis de los valores religiosos, que se manifiesta aproximadamente entre 1952 y 1957, acaba de acentuar el íntimo aislamiento en que ha vivido el poeta hasta que, al fin, la crisis se resuelve por medio de una apertura, podríamos decir social, a la realidad de su entorno, concretada inicialmente en los dos marcos espaciales inmediatos, su pueblo y la fábrica donde trabaja; de aquí nacen los poemas de El poble [El pueblo] y de los dos repertorios de poemas La fàbrica [La fábrica] (1959) y La fàbrica [La fábrica] (1972).

Con los poemas de El poble y La fàbrica, Martí i Pol entra de lleno en la corriente que se ha llamado "realismo histórico", ya que traduce un mundo -el de la gente con quien convive- que conoce bien y desde dentro, y que describe por medio de procedimientos tan realistas como el inventario o la crónica. Los obreros que van a trabajar cada día, en la fábrica o subiéndose por los andamios, las mujeres que hacen el trabajo de casa, los jubilados, son los protagonistas de estos poemas, sus "héroes", porque el poeta los eleva a esta categoría al considerar su trabajo, su vida, una auténtica gesta casi épica. El contraste entre la descripción de la vida del obrero, que se desarrolla en condiciones muy duras, y el tratamiento humano, de una gran ternura, con que el poeta se refiere a las personas concretas, a veces con nombres y apellidos, que forman "su gente", es una de las características más originales de esta poesía. El poeta, finalmente, se siente comprometido con la gente de su pueblo y su fábrica y, por extensión, con la clase social de la que forman parte, hasta el punto de poner su voz y su gesto -discurso y acción- a su servicio: "De ellos quiero hablar, al hablar de la gente de ahora. / De ellos quiero hablar. Sin ellos, yo no existo". Obviamente, una poesía de este tipo se expresa a través de un lenguaje directo y asequible; sin embargo, lejos de caer en el peligro del panfletismo, Martí i Pol consigue mantener el valor poético de sus textos a través de una elección esmerada del léxico y del uso recurrente de metáforas e imágenes sencillas, evocadoras de sensaciones y estados anímicos que permiten al lector familiarizarse con el contexto social y, al mismo tiempo, penetrar en el universo personal de los hombres y las mujeres que allí se mueven.

Del enclaustramiento a una nueva apertura

Los efectos de la esclerosis múltiple que Martí i Pol contrae alrededor de 1970 hacen acto de presencia ya a partir de los Vint-i-set poemes en tres temps [Veintisiete poemas en tres tiempos] (1972). Hasta 1975 su poesía se interioriza; ahora se imponen la soledad, la angustia, una cierta presencia de la muerte, y el poeta define un mundo reducido y cerrado, lo único que percibe como posible en las nuevas circunstancias que le toca vivir. En este contexto, los sentidos desempeñan un papel importante -en especial la vista y el tacto- porque son los instrumentos que le permiten fijar los límites de su realidad. Los poemas de Cinc esgrafiats a la mateixa paret [Cinco esgrafiados en la misma pared] (1975), cargados de imaginería, sintetizan magistralmente el nuevo mundo del poeta y la actitud con que se enfrenta a él, una actitud que no cae nunca en la desesperanza, sino que se afana siempre por aferrarse a la vida: con las limitaciones que sean necesarias, pero vivir.

En Quadern de vacances [Cuaderno de vacaciones] (1976) Martí i Pol revela ya el inicio de la superación del estado anterior, y los libros siguientes ponen de manifiesto un canto a la vida cada vez más brillante, que llega a la cima con volúmenes como Estimada Marta [Amada Marta] (1978) y L'àmbit de tots els àmbits [El ámbito de todos los ámbitos] (1981). Ahora el poeta apuesta claramente por el futuro, con optimismo, con unas enormes ganas de vivir y con una renovada fe en el hombre. Retoma la poesía amorosa, con un matiz incluso erótico. E invita el lector a una reflexión cívica sobre la necesidad de que cada persona aporte lo que pueda en la construcción del país común. Son tres vías -la fe en el futuro, el erotismo y la reflexión cívica- que definen un nuevo momento, primordial, en la obra del poeta y dan lugar a algunos de sus textos más maduros.

Es durante este proceso de nueva apertura cuando Martí i Pol comienza a reflexionar con mayor profundidad sobre la poesía y su actividad como poeta, reflexión que se va acentuando a lo largo de los años ochenta y noventa. Esta reflexión es el tema de algunos poemas, como, por ejemplo, unos cuantos del apartado "Capfoguer" de Estimada Marta [Amada Marta], y de algunos textos más teóricos, como el artículo de 1987 "Algunes consideracions sobre experiència i poesia" (Reduccions, núm. 34). La poesía es entendida como un proceso de conocimiento interior por parte del poeta, de autoanálisis, ligada, por lo tanto, a la experiencia personal, aunque esta experiencia puede tener muchos matices. Martí i Pol entiende que la poesía tiende a expresar lo esencial de la vida personal y colectiva, y a expresarlo con sencillez. Por otra parte, el material con que trabaja el poeta, la palabra, es objeto de atención preferente: no puede ser utilizada de manera gratuita, sino que se le debe exigir densidad, exactitud y capacidad de sugestión.

De la serenidad al desconcierto

En plena madurez vital, la poesía de Martí i Pol rezuma una innegable sensación de serenidad, presente ya en textos como los del Primer llibre de Bloomsbury [Primer libro de Bloomsbury] (1982) y confirmada en Els bells camins [Los hermosos caminos] (1987). Ni siquiera el dolor por la muerte de su primera mujer, que genera el Llibre d'absències [Libro de ausencias] (1985), rompe esta actitud del poeta. Se trata de una serenidad hecha de sabiduría de vivir, de experiencia, de observación del mundo que rodea al poeta, desde una cierta posición "otoñal", y sobre todo de voluntad de conocimiento, aplicada en especial al propio yo del poeta. Este proceso de experiencia, de observación y de conocimiento, asociado a una progresiva manifestación del valor absoluto del amor, es lo que permite al poeta seguir creciendo, seguir madurando, afirmarse cada vez con más plenitud.

Con todo, en los libros que publica ya en los años noventa -el primero de los cuales, sin embargo, contiene textos escritos a partir de 1986- la poesía de Martí i Pol da un nuevo giro, definido por el desconcierto, el desencanto, la inseguridad. Se trata de sensaciones personales, íntimas incluso, acentuadas por el peso de los años -el poeta reconoce que se hace viejo-, y podría decirse que por el descubrimiento de nuevas manifestaciones de la propia personalidad, desconocidas o al menos ocultas hasta ese momento, que se le imponen y trastornan la relativa placidez con que se había acostumbrado a enfrentarse a sí mismo. Estas sensaciones desconcertantes provocan, también, muchos silencios, largos periodos de agrafía, raros en el conjunto de la producción de Martí i Pol. Ahora bien, esta sensación de desconcierto no es únicamente personal: tanto en Un hivern plàcid [Un invierno plácido] (1994) como en el Llibre de les solituds [Libro de las soledades] (1997) deriva también de la reflexión sobre la vida colectiva del país, sobre los acontecimientos de orden social y político contemporáneos. Y aquí el desencanto de Martí i Pol se vuelve crítico, de nuevo, incapaz de abandonarse a la resignación o a la pasividad. En su última obra, Llibre de les solituds, el poeta recupera la ironía, ya presente en algunos libros de años atrás, como recurso para salvarse, tanto del desconcierto como de la resignación, con lo cual introduce un elemento que permite pensar en la superación de esta última etapa.

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