Jaume Pont

Josep Maria Sala-Valldaura

Como catedrático de Literatura española moderna y contemporánea de la Universidad de Lleida, la investigación de Jaume Pont (Lleida, 1947) se ha centrado en dos campos: la poesía del siglo XX -especialmente el postismo y Carlos Edmundo de Ory- y Antonio Ros de Olano y la narrativa fantástica del siglo XIX. Su dedicación a la crítica literaria ha sido también constante, con colaboraciones en diversas revistas y periódicos: Destino, Ínsula, La Vanguardia, Avui... Junto con Joaquim Marco, fue autor de La nova poesia catalana. Estudi i antologia (1980), libro que detectó los cambios estéticos de los años setenta, y, desde El año literario español 1978 hasta Letras españolas 1976-1986, sus balances anuales sobre la literatura catalana consiguieron sintetizar su evolución.

Si la tarea académica y crítica de Jaume Pont ha contribuido a ligar y establecer diversos referentes de la modernidad, su obra poética se convierte en uno de sus mejores ejemplos. (El término "modernidad" abrazaría toda la serie de relaciones con que los dos últimos siglos han intentado asociar el mundo, el lenguaje poético y el poeta, desde las más mágicas y unificadoras hasta las más desconfiadas.) A la sombra de Brosssa y de Foix, y al abrigo del simbolismo francés, Límit(s) [Límite(s)] (1976) -el primer libro de Pont- busca su fuerza y su sugerencia en la concreción, al tiempo que los versos se benefician de una libertad de asociación semántica que no excluye ni la antítesis ni el cripticismo. La ruptura con el realismo histórico llevaba al poeta leridano, como a muchos otros poetas de su generación, a investigar las posibilidades del lenguaje en su viaje hacia lo desconocido.

El título de su segundo libro, Els vels de l'eclipsi [Los velos del eclipse] (1980), resume este deseo de indagar: "busca l'home al univers la clau i la distància". La nueva recopilación, sin embargo, añadía una aceptación más física o sensual del mundo, con unas imágenes y un léxico que combinaban, por ejemplo, la luz y el tacto. Francesc Parcerisas destaca el papel del amor y el del signo ante la fugacidad del tiempo. La confrontación entre Eros y Tánatos, la victoria imposible del instante contra el paso inexorable de la vida continuará en Jardí bàrbar [Jardín bárbaro] (1981), que, por una parte, culmina el primer periodo creativo de Pont y, por otra, muestra alguna de las novedades posteriores: la narratividad elegíaca que crece en Divan [Diván] y en Llibre de la frontera [Libro de la frontera], la vinculación por medio de la carne (sexo y despojos) que liga el amor y la muerte en Raó d'atzar [Razón de azar], etc.

Para Àlex Broch, la dualidad que estructura Jardí bàrbar es Diurno/Nocturno y Amor/Destrucción. "Llum com a espai de lucidesa i plenitud existencial. Ombra com a espai de nocturnitat, investigació y misteri. Foc com a espai d'amor y plenitud humana. Cendra com a destrucció i consumació del espai d'amor". No cuesta mucho observar el peso del imaginario colectivo, el valor que la creación poética ha dado, desde los presocráticos, al fuego, la tierra, el agua y el viento. Sin embargo, en mi opinión, este libro vive en la lucha y de la lucha: su campo de batalla, para utilizar el poema XX como su primera parte, es "el paisatge indomable de la vida", y en él se enfrentan la imposibilidad de dominar la realidad, por un lado, y, el poder del signo poético, la fuerza del amor, por el otro; es decir: "Encara un nom. / Carnadura de silenci, / òxid on la mort colora les parpelles. / Per l'amor, el llarg aprenentatge dels segles".

Divan (1982) puede manifestar la voluntad de recuperación de los sustratos culturales y de una nueva mediterraneidad bien alejada del novecentismo que otros poetas, como Josep Piera o Salvador Jàfer, compartirían. Interesa, sin embargo, destacar el nuevo camino expresivo que abre Jaume Pont con el fin de recorrer, con más libertad lírica, algunos de los aspectos más sensuales, amatorios y eróticos de su obra. El poeta parece requerir la voz de otros, la que le suministra la tradición andalusí, con el fin de poder expresar sin tapujos una pasión existencial que, en los libros anteriores, sólo se sugería con dificultad. Años después, Llibre de la frontera prolongará esta faceta mediante el recurso de un manuscrito encontrado.

La ausencia ("ceniza", "sombra", "silencio", "naufragio"...) alcanza una relevancia mayor en Raó d'atzar (1990), hasta convertirse en un nuevo elemento esencial del idiolecto poético de Pont. Nápoles puede ser la metonimia y el símbolo geográfico, por lo que representa de añoranza existencial y de derrota arquitectónica e incluso cultural. El libro recupera también el combate contra la "desraó dels dies", pero el pesimismo lo empapa todo; el último poema concluye: "D'aquell far que guspireja / (aparellades les barques) / al tombant de la memòria / ara només en resten / l'erma rosa dels vents / i el silenci dels mapes / i al cor un oceà de naufragis".

Vol de cendres [Vuelo de cenizas] (1996) desarrolla una equivalencia más punzante, al ser más física y del todo autobiográfica: "La llàgrima negra als ulls del moribund" equivale a la tinta con que Pont escribe la aceptación de la muerte del padre y la aceptación de la vida más allá del dolor: toda una elegía del amor, que, como siempre en la obra de Jaume Pont, se resuelve lejos del sentimentalismo efectista. "La nieve", "la tinta", "la flor", la niebla"... ayudan al poeta a generalizar su experiencia, aferrándola como un viaje (y un naufragio) a la luz y a la oscuridad del vivir humano.

Llibre de la frontera (2000) encuentra de nuevo la distancia lírica en el sustrato arábigo-andalusí, pero de una manera mucho más novelada que en Divan. Un profesor, M. Omar Sumi, entrega a Jaume Pont una antología de catorce poetas en lengua árabe de las tierras leridanas y de los siglos X, XI y XII. Cada uno de estos autores aporta una biografía y una manera de tratar, entre la tristeza y la burla irónica y satírica, los grandes temas: la vida, el amor, el sexo, los placeres, la tierra, la patria... Todo esto forma un mosaico que, pieza tras pieza, va dibujando tanto las variadas experiencias del ser humano como sus raíces en el tiempo y el espacio, en este caso como hijo de Lleida. Por ejemplo, el último poema, "Adéu a el Maskijan", de Abd al-Maliq ibn Rizq, es una muestra excelente de ello.

También la mezcla de tiempos y de espacios da un gran poema y un brillante final a Enlloc [En ninguna parte] (2007), hablamos de "Jemmaa el-Fna", donde el sueño de Fitzcarraldo aparece "como una nau varada al mig del desert"; vale decir, como una alegoría de la realidad azarosa, oculta y vaciada que recorre la trayectoria poética de Jaume Pont. También el otro adquiere una importancia destacable, como espejo de una identidad que el sujeto nunca acaba de poseer:

L'ALTRE

I tot de sobte, amb l'esma ja vençuda,

l'altra que vaga i viu en mi

ha decidit trobar la llum

dins una tinta plena de paraules:

eclipsi i vol, límits, atzar i cendres.

Ell, alosa del bon passar,

l'hoste que porta el mateix nom,

aparia la bugada que ens acordi

l'estatge de la neu i la ventura.

A l'altra banda del mirall,

jo cerco vent gelat i fruita amarga,

les roderes del cant secret

i un fogall de deserts on res no brosta.

La clau és meva i ell ho sap:

li calen les aigües d'aquest poema

per trobar-se i retrobar-nos.

Durante el curso y el transcurso de Enlloc, el agua es la sustancia que se materializa, el peso de lo inconsciente, "la sang de la Terra, la vida de la Terra" hacia su destrucción, si podemos recurrir a Heráclito y Gaston Bachelard. El agua se convierte en fuego, arrastra la tierra y brota de la fuente "el vent que passa i no dura", camino de ninguna parte. A pesar de su resistencia, el cuerpo y el lenguaje sufren el mismo tránsito, un idéntico aniquilamiento.

En realidad, no es posible establecer con claridad épocas muy delimitadas en la trayectoria poética de Pont, porque los libros se encabalgan los unos con los otros, vertebrados, al menos, por tres ejes: el de la reflexión metapoética, siempre en el umbral del silencio y de aquello que se ignora; el de la exploración de las relaciones que el ser humano establece en el tiempo y el espacio (y contra su insoslayable victoria), y el del distanciamiento del sujeto poético, que favorece una lírica objetivada del amor en el otro (desde el cuerpo de la mujer hasta la tierra nativa). Hay que afirmar, pues, que la poesía de Jaume Pont cumple uno de los requisitos exigibles a toda obra artística: es singular; y su excelencia se fundamenta tanto en el conocimiento de la poesía andalusí como en la tradición barroca, simbolista, expresionista y surrealista, con el fin de aportar sus descubrimientos particulares. A menudo parece un compañero de viaje de Georges Bataille, pero, al mismo tiempo, prolonga la sensualidad de Ibn Hazm o la burla de Ibn Quzman.

La poesía de Jaume Pont, traducida a un buen número de idiomas, ha merecido el premio Vicent Andrés Estellés y el Carles Riba, el premio Serra d'Or de la crítica en dos ocasiones y el de la Crítica de Poesía catalana.

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