Han dicho...

Gandia, c. 1400 - Valencia, 1459. Poeta y caballero valenciano medieval

Ausiàs March, nieto de un notario de Barcelona e hijo de un caballero poeta, vivió en Valencia entre finales del siglo XIV y principios del XV. La poesía de Ausiàs March es una meditación sobre el amor puro que exige luchar contra el amor sensual, contradicción que lleva al poeta a sentimientos de fracaso, dolor, ira y duda. Superando los tópicos -y la lengua- de los trovadores, y al margen del petrarquismo, plantea, con un lenguaje de extrema dureza, la tensión entre el mundo y el individuo. Su obra, de la que se conservan ciento veintiocho poemas, ha sido traducida a diversas lenguas y ha tenido una gran influencia en la lírica hispánica y europea.

Ausiàs March è senza dubbio il piú grande poeta lirico europeo del quindicesimo secolo, un poeta la cui conoscenza e la cui influenza sono state fortemente limitate, piú che dalla sua difficoltà, come spesso si dice, dal rapido declino della cultura catalana, che proprio nel corso di quel secolo aveva toccato il massimo splendore.

Costanzo Di Girolamo, Ausiàs March. Pagine del canzoniere (Milano, Luni Editrice, 1998)

- ¿Qué hace de Ausiàs March un poeta excepcional?

- Su capacidad para decir la verdad. Su extraordinaria capacidad de expresión. Su lengua también es extraordinaria y, además de decir la verdad, él sabe que da miedo. Es decir, que ese salto que va de la palabra que parece inocua al acto mismo del polvo nadie lo da. Ese salto da miedo. Ausiàs March ha sido muy mal leído. Eso de que empiece siendo un pequeño idiota, más o menos cretino -en la concepción del amor angélico y bestial-, y en general todo el ciclo de Ausiàs March, eso no se ha visto, no se ve, nadie lo destaca cuando escriben sobre él. Por ejemplo, un hombre como Joan Fuster se tenía que haber dado cuenta de ello y no recuerdo que dijera nada. Y nadie lee a Ausiàs March. Insisto en ello. La verdad que dice Ausiàs March no interesa a nadie. Los estudiosos profesionales de la literatura no se dan cuenta. Ellos van haciendo sus trabajillos... La gente tendría que ir con Ausiàs March bajo el brazo. A los sabios no les interesa ir transmitiendo la verdad. Leen la palabra "deleite" y no ven que se refiere a un revolcón, como dicen en la tele.

Joan Ferraté entrevistado por Lluís Bonada: "Era un salvaje y un insolente", El Temps, nº. 645 (octubre 1996)

Reclam a tots los meus predecessors,

cells qui Amor llur cor enamorà,

e los presents e lo qui naxerà,

que per mos dits entenguen mes clamors;...


(XXV, 33-36)

Así se exclama, de manera conmovedora, Ausiàs March cinco siglos después de que su cuerpo muriera, reclamando la atención de todos los que han sentido la fuerza del amor, para llamarnos a la inmortalidad de sus sentimientos.

E lo desig en mi jamés morrà

(Ibíd. 10)

Y gracias a la maravillosa fuerza evocadora de la palabra poética, ese grito suyo, como todo el resto de su vasta obra, permanece vivo entre nosotros y es capaz de provocarnos, todavía ahora, el escalofrío de la emoción, demostrando claramente aquello que todos sabemos: que la literatura, y especialmente la poesía, es una sublimación artística de la palabra, y la palabra es comunicación: el puente esencial de la expresión del pensamiento y del sentimiento, el cimiento del diálogo y de la comprensión entre los humanos.

Albert G. Hauf, "Ausiàs March: el clamor del silenci", L'illa. Revista de lletres nº. 18 (1997)

Del exemplum que encabeza la parte del presente libro que dedico a la lírica de March se desprenden dos corolarios. Primero, que, como cada generación de críticos suele elaborar (al menos "en el Norte") su propia interpretación de los textos antiguos, no hay que maravillarse si en 1992 se nos ocurre rechazar la ideología de fondo que impregna libros todavía tan imprescindibles como los que Amadeu Pagés dedicó a definir el amor en Ausiàs March. Segundo, que ni de lejos hay que dar por sentada ni es evidente la relación amor-matrimonio como pensaban el fray Matfre Ermengaud, de Besiers, los poetas tolosanos de las Leys d'amors o C.S. Lewis. Hoy día, las constantes culturales que, para entrar en materia, suministran en bandeja a March los argumentos para su polifacética y asfixiante reflexión sobre la inanidad del amor son tan poderosas, claras y contundentes que vienen ganas de proclamarlas; sencillamente para intentar leer los versos del poeta desde un punto de referencia seguro.

Lola Badia, Tradició i modernitat als segles XIV y XV. Estudis de cultura literària i lectures d'Ausiàs March (Barcelona, 1993)

No son pocos los historiadores de la literatura que han desestimado la biografía del caballero de Gandía como pista fecunda para entenderlo mejor, a él y a los ciento veintiocho poemas que se le atribuyen y que escribió con una constancia ciertamente notable. La intranscendente noticia de un censal, la aburridísima literatura procesal, el señor de jurisdicciones o el hombre que disputa por fincas, proporcionarían poca cosa más que referentes fríos, demasiado asépticos para resolver los enigmas de una obra compleja y variable. Llevada hasta el extremo esta tesis, resulta un March intemporal, aislado de los vaivenes de la historia, encerrado en la esfera de un yo hermético y con problemas de desdoblamiento de la personalidad.

Ferran Garcia-Oliver, "Singularitat amarga", en La vida d'Ausiàs March (Barcelona, Ediciones 62, 1998)

Io só aquest que em dic Ausiàs March!

(CXIV, 88)

"Io só aquest...", "io só aquell...": esta fórmula la encontramos multiplicada, de forma tozuda y reincidente, a lo largo de sus poemas. Es un rasgo estilístico tan constante como eficaz. El lector no puede evitar una instintiva atracción por la contundencia de este tipo de expresiones. Le suenan sinceras. Y hay que añadir que, en los versos de Ausiàs March, la afirmación de la sinceridad no se hace únicamente de forma indirecta, mediante los pronombres y la flexión verbal. La sinceridad está claramente reivindicada. El poeta quiere que lo creamos en la literalidad de su confesión, ya que como confesión nos brinda sus poemas. No habría, pues, ni rastro de impostura literaria. Ausiàs invoca, con una grandilocuencia pasmosa, los mayores castigos, los concita sobre sí, por si cayera en la debilidad de fingir:

E muira presto si mi hablar io me feny!

(CI, 40)

Joan Fuster, "Ausiàs March, el ben enamorat", en Ausiàs March, Poesies (Sueca, 1997)

En gran parte de la obra de March se trasluce una imaginación poética que sorprende por su originalidad y su capacidad innovadora para la época de su composición, etapa histórica en la que los poetas de la Corona de Aragón no habían aprendido todavía a desmarcarse más que tímidamente del provenzal y de las convenciones literarias que aquella lengua implicaba. Pero la importancia de March se aprecia sin que haga falta ningún tipo de perspectiva histórica, porque la extraordinaria energía de sus versos trasciende los seis siglos que han transcurrido desde que March los escribió y es eso lo que hace que su lectura sea una experiencia vital y directamente significativa para el lector de hoy.

[...]Otra idea en el pensamiento de March es la del bien. Todos los seres buscan el bien, pero el hombre, criatura compuesta, se inclina, a causa de los dos extremos de su naturaleza, a dos formas de bien, opuestas entre sí.

Mediante la razón, el hombre sabe que el único bien verdadero es el que puede alcanzar el espíritu al acercarse a Dios y el goce de los bienes intrínsecos de las virtudes. Pero su aspecto carnal hace que busque el bien fugaz del cuerpo, además de los otros bienes externos que le puede dar el mundo (dinero, fama y honor). March se presenta en su obra como alguien que busca los dos bienes opuestos y pocas veces llega a actuar de acuerdo con lo que le dicta la razón.

Robert Archer, "Introducció" en Ausiàs March, Obra completa (Barcelona, Barcanova, 1997)

- ¡Dios mío, Dios mío, ayúdame! -exclamó Pere March entre gemidos, mientras se corría a gusto, anhelando un hijo varón de aquella consumación carnal. Esta exclamación, plegaria y grito a un tiempo, debió sonar como un rugido piadoso, surgido de las mismas entrañas de aquel hombre, fabulador y ya anciano.

Esto había aprendido tras sus consultas a los conocedores de los misterios de la vida. Y él, Pere March, olvidándose de duelos, ahora sentía, con el corazón palpitando de placer, que Dios le había perdonado sus muchos pecados y soberbias. Por eso, en cuerpo y alma, se encomendó al Señor, al sentir que su semilla brotaba con vigor, notando que el fuego encendido en pura llama de su corazón se hacía surtidor y sembraba de vida las húmedas entrañas de Elionor.

- ¡Gracias, gracias, Dios mío! -dijo, mientras una relajación satisfecha le embargaba todo el cuerpo y el sueño le aquietaba el alma.

- ¡Que todo sea para bien! -respondió con un murmullo la esposa, madona Elionor, para no romper el primer sueño en paz de su marido, mientras la mirada le huía hacia un punto de luz que, entrando por un resquicio de la ventana de la cámara, aclaraba las sombras de la noche.

En reposo y en calma, Elionor Ripoll meditaba: toda la vida, toda (el pasado, el presente y el porvenir), quedaba desde aquel momento en manos de Dios.

Josep Piera, Jo sóc aquest que em dic Ausiàs March (Barcelona, Edicions 62, 2001)

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