Ha dicho...

Granollers, 1982. Periodista y escritor



No he puesto límites a la ficción. Y esto sorprende, quizás porque, aunque hayamos superado todos los ‘ismos’, los géneros son aún muy estancos. Valía la pena reventarlo todo. Las partes que son claramente de nuevo periodismo conviven con fragmentos de diario, partes que parecen dramaturgia, ficción estricta… Esta forma de hacer la relaciono con el tiempo en que vivimos: es una época ecléctica, donde no tienes tiempo de procesar todo lo que te llega, es una especie de batiburrillo cultural. […] La novela [Albert Serra (la novel·la, no el cineasta)] está construida como una lectura hipertextual. El personaje hace lo mismo que tú harías navegando por internet. Ir de un lado a otro.



La construcción de mis novelas es caótica. Empiezo a escribir sobre varios temas que me interesan, en paralelo, hasta que llega un día en que, remirándome los archivos, me digo “ah, ya lo entiendo, ¡la novela va de esto!”. A partir de este momento empieza la cuadratura del círculo, es decir, el intentar adaptar los textos que ya había escrito –anotaciones y comentarios sobre el Montauk de Max Frisch, crónicas de mis visitas a Walmart o reflexiones sobre el hecho de escribir en el caso de Jambalaia [Jambalaya]– para que el conjunto tenga sentido y construya una historia legible y coherente. Por lo tanto, si alguien revisara las cien versiones que llega a tener una novela en mi disco duro, se encontraría con varios procesos de escritura por separado, con documentos sobre temas bien distintos que van creciendo, y, después, varias tentativas de unirlos, a medida que voy encontrando puntos de contacto entre las tramas, ordenando y reordenando una y otra vez todas las partes. Para mí escribir una novela es montar un puzle, y, además, a ciegas, porque la imagen final no la ves hasta que no has terminado.

La reescritura es constante durante el proceso de cerrar la novela, y una vez terminada, hago un mínimo de tres pasadas completas al texto –línea por línea, palabra por palabra– para tensarlo, afinar la lengua y aumentar la coherencia entre las partes.


Cuando pienso en literatura siempre me viene esto a la cabeza. ¿Qué hago, invento o no? ¿Construyo una historia en la que me lo invento todo o aprovecho cosas de la realidad? Mi método no es únicamente periodístico, hay una voluntad de ir más allá de la pura realidad, quiero hacer literatura y explicar cosas nuevas. Me utilizo como personaje y, por lo tanto, parto de una base autobiográfica. No he resuelto la pregunta, pero tanto en Albert Serra (la novel·la, no el cineasta) como en Jambalaia me he inclinado por la misma estrategia: utilizarme a mí como personaje y no inventarlo todo desde cero, aunque creo que en Jambalaia hay bastante más ficción. […]

Hago mi aproximación a la escritura, y, precisamente porque trato temas serios, de vez en cuando tengo que quitarles hierro, darles la vuelta o acceder a ellos tangencialmente. Mi yo es un alter ego más exagerado y neurótico. Lo que la gente encuentra gracioso son las reflexiones que pueda hacer con total tranquilidad, algo exageradas o sobreactuadas. Busco hablar del absurdo y retratar incongruencias, cosas que todos hacemos, pero en las que no nos hemos parado. […]

A mí lo que me gustaba es retrata que hay dos aproximaciones al aprender a escribir: los que dicen que es un don, que lo tienes o no –como dice Albee–, y las escuelas, que quizás no pueden enseñarte este don pero que sí que hacen un servicio. Solo por el hecho de que las escuelas de escritura te hacen escribir ya mejoras. Apuntarte a una escuela no te asegura ser un bestseller, ni acabar una novela, ni tener talento, pero solo porque te hace reflexionar sobre lo que haces ya es bueno. Uno de los problemas de los escritores es que hablamos poco de lo que hacemos mientras lo hacemos y a veces terminamos en callejones sin salida. En las escuelas hablas de literatura y la pones a debate. Mi escuela de escritura fue L’Horiginal, allí aprendía lo que estaba bien y lo que no a partir de conversaciones en las que me acababa posicionando. Hablar de literatura y reflexionar sobre ella en voz alta es casi tan interesante y tan provechoso como los ratos que pasas frente a la hoja. Qué escribirás y cómo lo harás es una reflexión previa. Hablar sobre escribir es tan importante como haber leído.


Han dicho...


Juego de manos narrativo. Albert Serra (la novel·la, no el cineasta) es una obra hecha de pedazos. Se trata de un patchwork narrativo que en un único magma textual refunde, de forma equilibrada y eficaz, diferentes géneros: ficción, ensayo, teoría poética, digresión, entrevista… A través de una estructura en espiral, se centra en la reiteración de una serie de temas: la identidad personal, el ansia de influencia artística, la imaginación, la creatividad, la impostura, la originalidad, el concepto de autor… […]

La novela de Albert Forns es un espejo contrapuesto a otro espejo. Es una obra zurcida de fragmentos expropiados a otros autores, y, por lo tanto, gracias al acto interpretativo de la escritura, perfila un proceso creativo insobornablemente propio y original. La identidad personal no se aborda mediante una focalización existencialista ni epistemológica. […] Más allá del virtuosismo, esta novela subraya nuestra calidad de sombra como humanos. Somos a través de los otros y a partir de la voz de los otros construimos nuestra voz.


Decir que Forns practica la autoficción es quedarse melancólicamente corto. Por eso siempre habrá quien, con la impaciencia de los cocineros cocainómanos, querrá añadirle otros ingredientes disparatados que intenten enfatizar la textura, el sabor y el valor nutritivo de sus novelas. Será, que conste, un esfuerzo estéril, ya que lo primero que percibes al leer a Forns es que él ha leído más que tú y que, por más que te esfuerces, cualquier intento de definirlo mejor que él se define a sí mismo resultará tan frustrante como que la sombra de Lucky Luke intente desenfundar más rápido que el vaquero exfumador. Para que quede claro: Jambalaya transcurre en un decorado endogámico que subraya el carácter metaliterario del relato y la cínica gratitud de quienes alguna vez se han visto beneficiados por una beca a la creación. Literatura sobre literatos y, dentro de esta categoría, literatura sobre literatos con problemas para saber qué demonios tienen que escribir para seguir siendo (o pareciendo) literatos.

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